mareada by mara

Lo que ojalá me hubieran enseñado cuando era niña…

Llevo años practicando yoga y meditación. Y llevo algunos años conviviendo y trabajando con yoga para niños.

Las dos cosas juntas me enseñaron algo que no esperaba: que las herramientas más poderosas que tengo hoy como adulta — respirar cuando algo duele, ponerle nombre a lo que siento, quedarme quieta sin escapar — las aprendí tarde.

Y cada vez que trabajo con yoga para niños en el tapete, pienso lo mismo: qué diferente hubiera sido crecer con esto.

¿Qué aprende un niño en yoga que no aprende en ningún otro lado?

No hablo de hacer posturas perfectas ni de ser flexible. Hablo de algo más profundo: Aprender a escuchar cuando el cuerpo nos habla. Que cuando el estómago se aprieta antes de algo difícil, eso tiene nombre. Que cuando la rabia sube rápido, hay algo que puede hacer antes de explotar. Que la respiración no es solo aire, es una herramienta mágica a la cual siempre podemos acudir.

Eso no se enseña en la escuela y pocas veces se enseña en casa. Pero se puede enseñar en un tapete, jugando, con la atención plena puesta en el cuerpo y en el momento presente.

¿Y el mindfulness? ¿No es eso para adultos estresados?

Para nada. De hecho, los niños lo aprenden más rápido que nosotros lo adultos, ya que todavía no tienen tanto ruido mental acumulado.

Mindfulness, en términos simples, es prestar atención a lo que está pasando ahora mismo, en el cuerpo, en la respiración, en lo que se siente, sin juzgarlo ni querer que sea diferente.

Para un niño eso puede ser: notar que está enojado sin actuar desde el enojo. Sentir el piso bajo sus pies. Escuchar su propia respiración durante 30 segundos. Cosas pequeñas que, con práctica, se vuelven grandes habilidades.

Lo que veo en los niños con los que trabajo

Lo veo con mis propios ojos conforme van pasando las horas de práctica: Niños que antes reaccionaban impulsivamente, aprenden a hacer una pausa. Niños que no podían nombrar lo que sentían, empiezan a decir “estoy frustrado” en lugar de tirar algo. Niños ansiosos que encuentran en la respiración un aliado cuando el mundo se siente pesado. Niños introvertidos que hoy expresan lo que piensan y sienten.No es magia. Es práctica. Es constancia. Es atención plena, y es empezar antes de que los patrones se vuelvan hábitos difíciles de cambiar.

Artículos recientes

Un espacio para conectar a diario